Pasa en Venezuela

Venezolanos abarrotan albergues en Boa Vista: “Somos tantos que ya nos tienen fobia”

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Muchos venezolanos tienen el sueño de salir de Pacaraima, en Brasil, una vez que cruzaron la frontera escapando de la grave crisis económica que atraviesa su nación natal. La siguiente parada par algubos es Boa Vista, donde quieren empezar su nueva vida.

Según reseñó el diario El Mundo de España, Leónida y sus tres hijos: Luis, Virginia y Valentina, quienes tienen entre cinco y siete años, durmieron en un estacionamiento durante dos días, antes de comprar el pasaje en taxi. “Trajimos un teclado de ordenador viejo para venderlo, y con lo que nos dieron compramos el pasaje a mi madre, que tomó la delantera. Queremos salir de aquí porque la frontera está peligrosa. Esta noche intenté quedarme despierta vigilando, pero a las tres de la madrugada me dormí y luego vi que nos abrieron la bolsa y le robaron la ropa a mi hijo Luis”, cuenta la madre.

El taxi desde Pacaraima hasta Boa Vista cuesta 50 reales, 10 euros aproximadamente. Muchos realizan pequeños trabajos para ahorrar el dinero y poder trasladarse. Una vez que Leónida obtuvo el dinero emprendió el viaje a Boa Vista. Pero antes, efectivos policiales cariocas revisaron sus pertenencias y luego dieron la autorización de continuar su camino.

La mandre de este hombre se encuentra supuestamente en el albergue Jardim Floresta, sin embargo nadie la ha visto. El espacio está lleno y si no aparece pues Leónida y sus hijos deberá dormir en la calle. Frangeli, una venezolana veterana, precisó que “estamos bien, mejor que en Venezuela, pero tenemos que salir a buscar trabajo para poder comprar comida, porque la que nos dan aquí a veces viene podrida (…) lo único fresco que nos dan es la manzana, que es lo que le doy a mi hijo”.

Destacó que tienen cuatro meses comiendo lo mismo: Arroz con salchichas y puré, en el almorzar y en la cenar. Lamentó que no haya alimentos para bebés, puesto que hay cerca de 50 recién nacidos en el lugar. Contó que duermen sobre colchonetas y las carpas no tienen ventilación.

Manifestó que salió de su país junto a su familia porque su hijo “tuvo un accidente en el pie y como no había antibióticos se le estaba empezando a gangrenar”. Actualmente, está dedicada a cuidarlo, así como a su madre, quien está en silla de ruedas. Por su parte, el esposo de Frangeli, Roberto, sale a buscar trabajo, puesto que es carpintero. “Cada día me alejo dos horas andando para pedir trabajo en otro barrio. Aquí en esta zona no puedo porque hay tantos venezolanos que ya nos tienen fobia“, sumó.

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