Pasa en Venezuela

La nueva agonía de los venezolanos: países vecinos cierran las puertas

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Los venezolanos que están dejando su patria para huir de la crisis económica y social no solo deben enfrentarse a una nueva vida en el extranjero, sino también a brotes de xenofobia y barreras fronterizas que están haciendo de los países vecinos un destino cada vez más hostil.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) calcula en 2,3 millones el número de personas que desde 2014 han abandonado Venezuela, lo que equivale aproximadamente al siete por ciento de su población total. La oposición venezolana eleva esa cifra hasta los cuatro millones. En todo caso, se trata de la mayor crisis migratoria que Sudamérica ha vivido.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) calificó la crisis venezolana como una de las mayores en la historia moderna. El otrora próspero país, que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, se ha convertido en uno de los pocos en los que el Producto Interior Bruto (PIB) se ha contraído cerca al 50 por ciento en cinco años. El FMI cifra en un 18 por ciento el derrumbe para este año, el tercero consecutivo de dos dígitos.

Colombia, el que más venezolanos recibe

Colombia es el país que más venezolanos recibe: cifras oficiales dicen que unas 870.000 están instalados allí. Las autoridades temen que se produzca una especie de estancamiento después de que Perú y Ecuador anunciaran que exigirán el pasaporte a los venezolanos que quieran ingresar en sus territorios.

“El hecho de solicitar pasaporte no va a parar la migración. Eso lo que va a generar es la irregularidad migratoria”, advirtió el director de Migración Colombia, Christian Krüger.

Esta semana, cientos de venezolanos se aglutinaron en los bordes con Colombia. Una de ellas, Sol Ortega, comentó a la emisora Blu Radio que viajó de Maracaibo hacia Medellín “antes de que Colombia cierre las fronteras, tal como lo están haciendo los otros países”.

Ecuador y Perú solicitan pasaporte

Es el caso de Ecuador y Perú, el primero empezó a pedir pasaporte a los venezolanos el sábado pasado y el segundo lo hará a partir de este fin de semana. Antes, a los venezolanos les bastaba mostrar su identificación para poder entrar. Muchos no tienen pasaporte, ya que se trata de un documento difícil de obtener.

A raíz de esto, en Ecuador se ha sentido un aumento de venezolanos intentando cruzar por caminos fronterizos irregulares desde Colombia. Quienes lograron hacerlo deben iniciar una larga caminata para llegar a Quito (240 kilómetros) y luego alcanzar la frontera con Perú (838 kilómetros), si su intención es dirigirse hasta allí.

En los buses de pasajeros, la Policía revisa los documentos de identidad y pasaportes, por lo que caminar es la única alternativa. Ecuador calcula que 250.000 venezolanos viven allí.

Para aliviar la situación, el Gobierno ecuatoriano anunció la creación de un corredor humanitario a lo largo de su territorio para que los venezolanos que ingresen al país sean trasladados en buses hasta la frontera con Perú. La medida obedece a que buena parte de los ciudadanos del país caribeño quieren trasladarse a Perú, Bolivia, Chile y Argentina y muchos emprenden la travesía a pie.

En Perú, el segundo país donde más venezolanos llegan, la exigencia del pasaporte aceleró el flujo de entrada en el departamento de Tumbes, fronterizo con Ecuador. Según el departamentro de Migraciones, hay 400.000 venezolanos viviendo en Perú y se estima que para noviembre la cifra suba a medio millón.

“El Perú otorga plazos más que razonables. Con la pronta regularización estamos desalentando la informalidad y la explotación de personas”, sostuvo el superintendente de Migración, Eduardo Sevilla, descartando posturas xenófobas.

Brasil, otro destino

Lejos de las cifras que manejan Colombia, Perú y Ecuador se encuentra Brasil, a donde los venezolanos han llegado principalmente caminando.

Lo hacen a través de la región de Roraima, llegan a la ciudad de Paracaima, la más cercana a la frontera, y de allí deambulan hasta la capital regional, Boa Vista, donde están los centros de acogida.

Sin embargo, la saturación de personas en una ciudad como Paracaima, de apenas 12.000 habitantes, y que en los últimos tres años ha elevado su población en un 10 por ciento, ha hecho que los lugareños exploten tintes xenófobos.

El sábado pasado residentes quemaron carpas de dormir y pertenencias de los inmigrantes, obligando a unos 1.200 a recoger lo poco que les quedaba y retornar a su país. En todo el estado de Roraima se calcula que habitan 50.000 venezolanos, que huyen del hambre de su país.

Según cifras oficiales, 128.000 venezolanos entraron a Brasil desde 2017, pero menos del 40 por ciento se quedó allí.

Argentina, EEUU y España

Otros han llegado a Argentina, donde entre enero y junio de este año se radicaron 25.000, y se tienen cuenta que en los últimos dos años han llegado 530.000. A Chile ingresaron unos 100.000 venezolanos entre 2016 y 2017, según la Organización Internacional para las Migraciones.

Estados Unidos no es ajeno, en lo que se lleva de este año unos 9.500 han solicitado asilo en este país según ACNUR. El número de solicitudes se ha disparado en un 2.000 por ciento desde 2014. De acuerdo con datos del Servicio de Ciudadanía e Inmigración, entre el 2014 y el 2016, el país le ha concedido asilo a 1.265 venezolanos.

En Europa, España es el principal destino elegido por muchos de los venezolanos que abandonan su país: casi el 40 por ciento de los solicitantes de asilo en Madrid procede del país suramericano, según cifras facilitadas a dpa por ACNUR. En total, hasta el 15 de agosto habían pedido asilo en España en torno a 12.780 venezolanos, lo que representa el 39 por ciento del total de solicitudes, 32.600. Organismos no gubernamentales calculan que son más de 300.000 los venezolanos llegados a España, al margen de los que piden asilo.

Ante la dimensión del problema migratorio, Ecuador convocó a los gobiernos de 13 países de Centroamérica y Sudamérica a una reunión en Quito en septiembre, mientras que Colombia pide a Naciones Unidas que designe a un enviado especial para coordinar la gestión de la crisis. DPA

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