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Por morbo o curiosidad antes de su traslado, la tumba de Franco atrae miles de visitantes

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Ya que van a sacar a Franco, quería verlo antes, es un poco de morbo”, admite Antonio Nevado, que como miles de españoles se apresuró a visitar el Valle de los Caídos antes del prometido traslado de los restos del dictador fuera del descomunal monumento.

Por curiosidad, por ver un pedazo de historia antes de que sea modificado o incluso por irritación ante los esfuerzos del gobierno socialista llegado al poder en junio por sacar los restos del lugar, las visitas a este enclave a 50 km al norte de Madrid se han disparado.

Erigido en un paraje montañoso al que solo es posible acceder en automóvil, el Valle de los Caídos recibió 38.269 visitas en julio, por encima de los 23.135 en junio y los 25.532 en julio de 2017, según cifras de Patrimonio Nacional, el organismo público que lo regenta.

“Es el momento”

Javier Botía, de 40 años, y su pareja Ángeles Abellán, de 42 años, ingenieros agrónomos de Murcia, planeaban desde hacía años conocer el monumento ideado por el propio Francisco Franco, pero se dijeron que “ahora era el momento”, pese a no simpatizar con el dictador.

“Esto es historia, es parte de nuestro patrimonio, es muy impresionante“, dice Botía observando desde la extensa explanada la enorme cruz de granito y hormigón de 150 metros de alto que corona el mausoleo, visible a decenas de kilómetros de distancia.

“Siento emociones encontradas, porque por un lado es un lugar que simboliza mucho sufrimiento, pero también tiene mucha historia”, señala, en referencia a los 20.000 presos políticos del régimen franquista que entre entre 1940 y 1959 participaron en su afanosa construcción.

“El lado malo de la historia hay que conocerlo en profundidad, para no repetirlo”, afirma.

Vistiendo una camiseta de la selección española de fútbol, Cristian Espert se toma una foto con una bandera de España frente a la basílica, antes de entrar en ella para ver la tumba de Franco, cubierta con un ramo de flores rojas y blancas.

En el Valle de los Caídos por primera vez, este militar valenciano de 30 años dice estar de acuerdo con que los restos sean sacados porque aquí “pueden herir los sentimientos a mucha gente”.

De hecho, el gobierno planteó su traslado porque “España no se puede permitir, como democracia consolidada y europea que es, símbolos que separen a españoles”, señaló Pedro Sánchez. Pero su deseo de hacerlo rápidamente chocó con la oposición de la familia Franco, que niega su consentimiento.

Al inaugurar el mausoleo el 1 de abril de 1959, Franco lo presentó como como un lugar de “reconciliación” tras la Guerra Civil (1936-1939), ganada por su bando.

Lo llenó de restos de 27.000 combatientes franquistas pero también de unos 10.000 opositores republicanos, muchos extraídos de fosas comunes y cementerios sin consultar a las familias, por lo que sus críticos lo ven como un símbolo excluyente.

Polémica remoción

Otros opinan no obstante que Franco debería quedarse ahí, porque el monumento es ya parte de la historia.

“Esto es patrimonio del país y debe respetarse“, dice Antonio Nevado, estudiante de derecho de 22 años de Córdoba, aunque se dice crítico de Franco, que gobernó España con puño de hierro desde 1939 hasta su muerte en 1975.

En el mismo sentido se expresa Miguel Pintor, un funcionario de 62 años de Madrid, que irritado por el anuncio del gobierno socialista, volvió este jueves a visitar el Valle de los Caídos.

“No creo que haga daño a nadie”, dice Pintor, recordando que Franco murió hace cuarenta años y que la Guerra Civil acabó hace casi ochenta. “A los muertos hay que dejarlos en paz”, zanja.

Aplaudida por organizaciones de víctimas del franquismo, el anunciado traslado de los restos de Franco fue repudiado en julio por manifestantes convocados por un grupo de extrema derecha en el Valle de los Caídos.

Y en medio del debate, la Guardia Civil confirmó este jueves que cinco conatos de incendio registrados el lunes dentro del perímetro del Valle de los Caídos fueron provocados, aunque se desconoce el motivo.

AFP

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