Pasa en Venezuela

El modus operandi con el que estafan a quienes venden oro en Caracas

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La compra y venta de oro se ha convertido en un negocio popular en Venezuela debido a su elevada cotización en el mercado, sin embargo, esta práctica recurrente en el centro de Caracas ha generado que muchos estafadores creen nuevas formas para embaucar a los transeúntes.

Un nuevo modus operandi se ha vuelto popular en la zona central de la capital, en donde “supuestos empresarios” deambulan en los alrededores de los locales certificados para interceptar a los usuarios y ofrecerles más del doble de lo que dan en los negocios.

Zued Rodríguez, una joven comunicadora venezolana, relató a El Universal, como fue víctima de este tipo de estafa.

“Venía de verificar el precio de un reloj de oro italiano que data de la segunda guerra mundial y me dijeron que estaban pagando el gramo en 70 millones de bolívares y a unos pocos metros tras salir del negocio al cual ya he vendido en ocasiones anteriores, me interceptó una muchacha diciendo que estaban pagando 200 millones por gramo”, explicó.

La exuberante oferta hizo que ella aceptará la oferta y siguiera a la supuesta vendedora hasta un apartamento a las afueras del centro comercial La Casona. Lugar en donde la esperaba el presunto “comprador”.

“Me pidió ver la pieza y al verla ambos se miraron y él dijo que no parecía oro, que si la podía fundir para estar seguro de la autenticidad del material. Al principio dudé porque en los locales visitados habían aplicado la prueba con un líquido y no había duda de que era oro, pero al ver la diferencia de precio accedí”, contó.

Tras aceptar la oferta, el hombre colocó la prenda en el fondo de un pote y lo dejó “fundiendo” por unos cinco minutos. Al abrir nuevamente la tapa le mostró lo que sería una pieza amorfa que con poco detalle, era evidente que no se parecía a lo que habría sido su reloj.

“Cuando me dijo que no era oro, pregunté por mi reloj y me dijo que ya lo había fundido y ese era el resultado. Objeté tal argumento porque yo sabía que había que desarmar el reloj y que la fundición no era instantánea, pero mientras refutaba llegaron otros 5 hombres en actitud amenazante y me conminaron a retirarme del lugar donde solo había un escritorio y un silla”, refirió.

Rodríguez trató de realizar una denuncia del evento, pero al preguntarle a un oficial de policía este le aseveró que ella había permitido voluntariamente ir hasta el lugar conociendo los riesgos y que sería su palabra contra la de los “compradores”.

“Al consultar con un policía me dijo que había accedido voluntariamente y me había metido en un apartamento ajeno a riesgo de cualquier cosa; que sería la palabra de 5 hombres más una mujer versus la mía; prácticamente me hizo desistir de poner la denuncia”, concluyó.

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