Pasa en Venezuela

Con sus morrales tricolores, venezolanos buscan un refugio a la crisis en Boa Vista

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Con la llegada masiva de venezolanos por vía terrestre a Boa Vista en los últimos 12 meses, se hace evidente el impacto de la crisis que vive el país petrolero en las zonas fronterizas.

Muchos de estos viajeros llegan con desespero con poco más que la ropa que llevan puesta, un morral tricolor con sus pertenencias básicas, y una sensación de esperanza por conseguir trabajo que les permita alimentarse y enviar dinero a quienes dejaron atrás.

En un reportaje especial publicado y reseñado por el Correo Del Caroní, se puede reflejar parte de las necesidades que deben atravesar estas personas en busca de la estabilidad económica, política y social que parece haberse perdido en Venezuela.

Aproximadamente 800 personas al día cruzan la frontera entre Venezuela y Brasil, mayormente como destino a Boa Vista, en donde actualmente cohabitan unos 40 mil venezolanos provenientes mayormente de Ciudad Bolívar, Anaco, Puerto La Cruz, El Tigre, San Félix, Puerto Ordaz, Maturín, Tucupita, Valencia y Valles del Tuy.

Un venezolano de 34 años de edad, aseguró que la falta de trabajo, efectivo, servicios públicos y condiciones sanitarias, resultaron parte fundamental de su decisión para emigrar hacia Brasil.

Cuando tienes el estómago pegado del espinazo, la cosa cambia. No teníamos nada qué comer en la casa. Por eso salí de Maturín”, contó el hombre.

El cruce más seguro entre ambos países es el que se hace desde Santa Elena de Uairén, recorrido que en carro dura aproximadamente 10 minutos, pero que en los últimos meses ha sido mayormente transitado por grupos a pie para reducir los gastos.

Realizar este viaje a través de la policía brasileña es menos tedioso que pasar por el Saime para recibir el pasaporte, al menos eso aseguran algunos venezolanos, quienes alegan que conseguir el preciado documento se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza.

Según lo reseñado por el medio, las autoridades brasileras no indagan mucho, sino que por lo contrario reciben con amabilidad y paciencia a los venezolanos, quienes llegan ahí con más tensión, precisamente porque se tienen que enfrentar a otro idioma: el portugués.

“¿Refugiado o va de paso?”. Esta es la pregunta con la que suelen dar la bienvenida. Dependiendo de la respuesta dan los días de permanencia.

Cabe recordar que en el mes de marzo, el Consejo Nacional de Migraciones de Brasil, aprobó una resolución para conceder a los venezolanos permisos de residencia por dos años.

Solo en el 2017, ese número de solicitudes llegó a 17.865 peticiones, mientras que solo para el mes de enero del 2018, ya se habían recibido unas 640 peticiones.

“Salí de mi país porque no tenía para darle comida a mis hijos”, afirmó Odalis Vásquez, quien hace un mes salió desde Valencia, junto a tres adultos y tres niños buscando una mejor calidad de vida ante la falta de recursos en su hogar.

Ella, junto a Ivette, su comadre, salen diariamente a la calles con el propósito de pedir dinero y recoger latas. Así reúne entre 40 y 50 reales diarios, con los que puede mantenerse en Boa Vista y enviar dinero a sus otros dos hijos, de 14 y 17 años, que se quedaron en Valencia al cuidado de otros parientes.

Su esposo y su hermano, también salen diariamente buscando recolectar un saco de latas para posteriormente venderlos a 22 reales, con lo cual no solo consiguen alimentar a la familia, sino que consiguen reunir para ayudar a sus familiares en Venezuela.

Esta familia aseveró que la mayor parte de los ciudadanos locales han sido amables con su llegada, no obstante, resaltaron que una minoría suele realizar comentarios y amenazas de índole xenofóbico.

“Algunos locales nos han dicho que nos van a dar veneno, nos llaman ladrones. Nosotros ignoramos esos comentarios, porque aquí tenemos la posibilidad de sobrevivir, en Venezuela no. Aún siento la dicha de ser venezolana y espero regresar cuando la cosa cambie”, sentenció.

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