Pasa en Venezuela

Villca Fernández revela el “infierno” que vivió estando detenido

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El opositor Villca Fernández excarcelado, el mes pasado, por la Asamblea Nacional Constituyente de El Helicoide al Aeropuerto de Maiquetía para que abordará un avión a Perú contó su experiencia en el “infierno” del centro de reclusión del Servicio Bolivariano Nacional de Inteligencia (Sebin) en Caracas.

“Bienvenido al infierno”, le dijeron al llegar a El Helicoide. “No estaban exagerando”, comentó Fernández en una entrevista telefónica con El Nuevo Herald.

“En varias ocasiones vi como a los prisioneros se les aplicaba electricidad en los testículos, en los tobillos, y en la parte de atrás de las orejas. Lo vi varias veces y en otras ocasiones lo escuché cuando se lo aplicaban a otros porque gritaban”, dijo Fernández

Solo ver las torturas o escuchar los gritos y gemidos afecta psicológicamente a los prisioneros, dijo Fernández, “porque aún cuando no te lo apliquen a ti, te das cuenta de hasta dónde pueden llegar y de lo que son capaces de hacer”.

El joven dirigente concluyó que desde el primer día la intención era humillarle y “quebrarle”, alterarle anímicamente para dejarlo reducido en un estado permanente de sumisión. Lo dejaron 28 días esposado a una reja junto a una cloaca. Así fue su inicio, pero, dice, vio cosas mucho peores.

“Maltrataban a todo el mundo, pero la frecuencia era mayor con los presos comunes (…) Los desnudaban en las madrugadas y les golpeaban hasta que no pudieran mantenerse de pie. Tenían todo el cuerpo lleno de morados, pero golpeaban con más frecuencia los glúteos. Esa suerte lo corría cualquiera que ellos quisieran. Todo el que entra, va a ser torturado de una u otra forma”, dijo Fernández.

“EL PERRO”

Uno de los comisarios más temidos era llamado por los prisioneros “El Perro”, un hombre de bastante peso en el penal, que parecía disfrutar mucho su trabajo.

Los presos le tenían terror, porque el sadismo de ese comisario es increíble. Pasaba frente a las celdas y de repente le decía a los funcionarios, ‘sácame a este’ o ‘sácame a estos dos’. Eso pasaba en las madrugadas. Salía en la noche a caminar por los pasillos, y si te escuchaba hablando o te escuchaba cantando, o gritando te mandaba a sacar”, relató Fernández.

“Él pegaba con un mazo de pino muy grueso y largo. Te pegaba salvajemente por todo el cuerpo. En una ocasión casi mata a un preso común, tuvieron que sacarlo de emergencia, y lo tuvieron que operar porque le desprendió uno de sus órganos internos. […] Todos los días tenía una víctima”, agregó.

Según Villca Fernández, uno de los casos que impresionó a muchos en el penal fue la muerte de un reo acusado de haberle dado muerte a un policía. Los otros prisioneros no llegaron a entender qué fue lo que pasó con él. Había llegado bien al penal, pero su salud comenzó a deteriorarse rápidamente de un día al siguiente. Pese a ello y a los insistentes pedidos, los custodios rehusaban llevarlo para que recibiera atención médica. Un día apareció muerto.

CASTIGOS

“Nos colocaban bolsas negras [de plástico] en la cabeza para generarnos la sensación de asfixia. No contentos con eso, luego nos rociaban gas lacrimógeno, o insecticida dentro de la bolsa”, señaló.

La bolsa te asfixia mientras el gas pimienta te afloja la mucosidad. Eso es una experiencia muy difícil. Ellos te mantienen con la bolsa hasta que se dan cuenta que no aguantas más. Ahí uno es presa de la desesperación y el pánico y no se da cuenta de cuánto tiempo está sometido bajo la bolsa, explicó.

Otros de los castigos era enviar al prisionero a una celda de castigo llamada la Cámara del Tiempo, que se trataba de un baño pequeño sin luz.

Ahí puedes pasar una noche, una semana, un mes o hasta seis meses, encerrado allí sin ver la luz. Uno cuando entra allí no sabe cuándo va a salir.

EL DÍA A DÍA

“A veces se producían riñas muy violentas, y reos caían víctimas de puñaladas”, de manera que había que seguir durmiendo con un ojo abierto. La mayoría de los pleitos se formaban por hurto dentro de la celda y otros problemas de convivencia. No había un líder que pusiera orden dentro del grupo y los pleitos se resolvían a golpes y a puñaladas.

Tampoco había ningún tipo de higiene. Los prisioneros se veían obligados a defecar delante de todo el mundo. Lo hacían en el mismo espacio donde dormían, sobre papeles de periódicos que metidos posteriormente en bolsas eran eventualmente recogidos por los custodios, “cuando se acordaban”, dijo.

Estas condiciones llevaron a los prisioneros a organizarse, proceso en el que Fernández admitió haber participado activamente, para exigir que se les concediera el derecho de ir al baño todos los días y de poder tener algún acceso al sol, dado que la falta de luz había comenzado a causar serias lesiones en la piel a muchos reos.

“Comenzamos a pedir que se nos respetaran los derechos humanos”, recalca.

EXCARCELACIÓN

Pese a salir del horror que cuenta vivió en El Helicoide, Villca asevera que no ha sido liberado. “A mi me han botado como un objeto del país que me vio nacer. Yo hoy no me siento en libertad. Seré libre cuando Venezuela sea libre”, sostuvo.

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