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Arria: El mundo honra a las víctimas del genocidio en Srebrenica

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Este 11 de julio se cumple un aniversario más del genocidio ocurrido en Srebrenica en el año 1995, durante la guerra de Bosnia, descrita por el ex embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Diego Arria, como “el mayor genocidio acontecido en Europa después de la segunda Guerra Mundial”.

En el atroz asesinato masivo del que fueron responsables Slobodan Milosevic, el General Ratko Mladic y Radovan Karadzic, perdieron la vida unos 200.000 habitantes, violadas unas 20.000 mujeres y casi un millón de personas fueron desarraigadas de sus hogares.

Sin embargo, el ex diplomático Diego Arria, que formó parte del Consejo de Seguridad para el periodo 1992-1993, justo al inicio de estos acontecimientos, relató el papel de Venezuela en el organismo internacional que junto con un grupo de los no alineados lograron enviar por primera vez una misión de sus integrantes al campo de guerra.

En este sentido, Arria atribuyó la responsabilidad al encubrimiento de la ONU, y destacó que tales crímenes no se habrían cometido, de no contar con “la indiferencia y pasividad de los principales miembros del Consejo”.

A CONTINUACIÓN, EL TEXTO COMPLETO

Srebrenica es recordado como un enclave en Bosnia-Herzegovina, donde el 11 de julio de 1995 se cometió el mayor genocidio acontecido en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, cuando en un par de días fuerzas serbias masacraron a cerca de ocho mil musulmanes Bosnios.

A pesar de haber transcurridos 23 años de estos hechos, solo se habla de los principales criminales responsables, Slobodan Milosevic, el General Ratko Mladic y Radovan Karadzic, pero poco o nada de la enorme responsabilidad de la comunidad internacional en este abominable crimen cometido en la Europa de Maastricht.

Indiferencia, prejuicios anti musulmanes y hasta complicidades de algunos de los principales países, y hasta del entonces Secretario General de las Naciones Unidas Boutros Ghali, se sumaron para no detener semejante tragedia. Por su inacción cargan también una pesada carga de responsabilidad por el surgimiento de actos terroristas que el mundo comenzó a experimentar a partir de ese momento.

¿Y cómo puedo afirmar todo esto?

De partida señalar que como embajador de Venezuela ante la ONU fui parte del Consejo de Seguridad en el periodo 1992-93 justo al inicio de estos horribles acontecimientos, y por lo tanto muy involucrado en el proceso.

De seguidas es importante recordar que para ese momento los únicos países sancionados justamente por el Consejo de Seguridad eran Irak, y Libia, ambos musulmanes. Uno por invadir a Kuwait y el otro por la voladura del avión de Panam sobre Lockerbie. Simultáneamente la llamada “Calle Arabe” reclamaba que se actuaba con decisión para sancionar a países musulmanes, mientras que cuando otro país básicamente musulmán Bosnia-Herzegovina era atacado, no había la misma reacción por parte del Consejo, que repentinamente decidió que Bosnia no era un país europeo, sino musulmán, y por lo tanto en su criterio, peligroso e inconveniente.

Por su parte los Bosnios ingenuamente creyeron que Europa impediría que fuesen masacrados por las fuerzas serbias en Bosnia armadas y apoyadas por el dictador Milosevic. Semejante confianza les costó la pérdida de dos terceras partes de su territorio, la muerte de 200.000 de sus habitantes, la violación de 20.000 mujeres y el desarraigo de sus hogares de casi 1 millón de personas.

Como si esta tragedia no fue suficiente, la comunidad internacional le impuso a lo que quedaba de Bosnia-Herzegovina la paz del Acuerdo de Dayton orquestado a la medida de la parte serbia, institucionalizando la abominable modalidad del apartheid en el medio de Europa. Apartheid que la propia ONU había contribuido a erradicar en Sudáfrica. En Bosnia no ya de carácter racial, sino religioso.

En mi criterio no cabe sino calificar de perversa la política de los principales miembros del Consejo que en colaboración con la secretaria General encubrieron lo que era una guerra de conquista territorial por parte de los serbios por una supuesta confrontación religiosa, con gravísimas consecuencias desde ese momento al introducir el tema religioso en Europa.

Alarmados por la inacción del Consejo para detener la tragedia que se limitaba a aprobar innumerables resoluciones en las cuales equiparaban amoralmente a las partes como si agresores y víctimas fueran iguales, nos llevó al grupo de los no alineados en el Consejo a convocar una reunión urgente en la cual logramos que por primera vez en su historia se enviase una misión de sus integrantes a un teatro de guerra. Tuve el privilegio de presidir esta misión que nos llevó en abril de 1993 a la Croacia de Tudjman, a la Serbia de Milosevic y a la Bosnia de Itzebegovic sitiada por las fuerzas criminales del General Mladic y de Radovan Karadzic.

Tan pronto nos reunimos en Sarajevo con los integrantes de la misión de UNPROFOR, o sea la fuerza de protección de las Naciones Unidas, comenzamos a percibir que durante casi dos años habíamos estado desinformados de la verdadera tragedia que estaba ocurriendo en Bosnia, que supuestamente estaba bajo la protección de sus cascos. En tres palabras: nos tenían engañados, pero el consejo es el reino de la impunidad, no importa la naturaleza del delito que cometa por acción u omisión, tal como el caso de genocidio en Srebrenica.

Milosevic,Karadzic y Mladic no pudiesen haber cometido tan abominables crímenes de no contar con la indiferencia y pasividad de los principales miembros del Consejo.

Desde Srebrenica declaré a los medios que un genocidio en cámara lenta estaba siendo ejecutado en Srebrenica. Que la llamada zona segura parecía un campo de concentración donde los guardianes eran los propios cascos azules.

Al regreso de nuestra misión intervine en el Consejo de Seguridad para reclamarles que su pragmatismo y pasividad pareciera no querer advertir las consecuencias que tendría las barbaridades que se estaban cometiendo en Bosnia. Consecuencias no sólo de carácter militar sino que también se proyectaba en la dimensión moral y ética al permitir que se practicara la limpieza étnica y se promoviera la constitución de nuevos estados étnicamente puros en el medio de Europa.

No es necesario especular que si la comunidad internacional hubiese intervenido en defensa de Bosnia la valorización de occidente por parte del mundo musulmán sería muy distinta. Y me atrevería a afirmar que habría influido positivamente en su comportamiento.

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