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La historia del octogenario acróbata que sorprende en una avenida de Caracas

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RT

Un octogenario, distrae las miradas de los conductores que pasan por las principales avenidas del centro de Caracas, con su distinguido talento con un hula hula.

Su nombre es José Bestilleiro Calviño, quien cumple 84 años en agosto. Indicó que distintos medios venezolanos e internacionales han conversado con él sobre esa habilidad.

Calviño se quedó sin empleo desde hace quince años, el octogenario ha estado entre la plaza Candelaria y la avenida Urdaneta, reseñó RT.

A la isla llegó luego de no tener éxito con la enseñanza de salto de cuerda y el baile de hula hula con los niños, quienes algunas veces le dañaron sus aros. Allí empezó solo por mostrar su trabajo físico y concentración y se quedó porque le comenzaron a dar dinero desde los carros que pasaban.

El truco más destaco de Calviño, consiste en lanzar el hula hula para que atraviese la avenida, aplaudir y llamarlo. Después de unos segundos, volverá en sus manos nuevamente.

INFANCIA DE TRABAJO

En su natal ciudad de La Coruña, en el norte de España, antes de los diez años, le tocó “hacer el trabajo de hombre”. En su niñez perdió a su padre y tuvo que asumir el rol de hijo mayor. Eran seis hermanos y su madre no volvió a casarse.

Debido a que era responsable de mantener a su familia, no siempre podía ir a la escuela. “Iba salteado: 15 días sí, dos meses no”, explicó. De ese breve paso aprendió a leer y escribir “mirando y ensayando”. Su espíritu de autodidacta, perfilado desde pequeño, le llevaría casi sesenta años después a ser el asombroso abuelo del hula hula.

DESTINO: VENEZUELA

Relata que varias veces se quedó colgando, suspendido de la cuerda que se amarraba a la cintura para trabajar en una cantera en Raíces Nuevo, en Asturias. Allí estuvo diez meses entre arena, grava y piedras para las construcciones. Tenía menos de 24 años.

Luego de ese trabajo pensó que necesitaba “encontrar una mejor forma de vida” y “probar cosas nuevas”. Y decidió irse a un país suramericano a casi 7.000 kilómetros del que hablaban mucho sus conocidos a finales de los años 50 en Venezuela.

JOVEN DE 80

“El hula hula me mantiene con vida”, dice este abuelo con tres nietos que reconoce que “tiene vitalidad para jugar”. Su flexibilidad y equilibrio reta a los años que ha alcanzado.

Relató que estará en su montículo en medio de la avenida Urdaneta “hasta que aguante”. Por ahora sigue haciendo girar la rueda fluorescente entre sus brazos y piernas,

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