Pasa en Venezuela

Lo difícil de ser joven: Venezuela y su generación perdida

0

La fuete crisis que vive el país impide que los jóvenes puedan salir con amigos, tener una pareja y construir un futuro, en cambio los ha dispersado por todo el mundo y los ha convertido en la generación más internacional de Venezuela.

Quienes están en la treintena o menos han vivido toda su infancia y su adolescencia bajo un gobierno chavista. En la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el control de los precios y las nacionalizaciones forzosas han arruinado industrias y han sido la causa de la falta de alimentos, medicamentos, empleo y perspectivas de futuro.

Los jóvenes han crecido con una de las tasas de asesinatos, robos y secuestros más altas del mundo. Algunos se han vuelto serios y timoratos. Rara vez se les ve pasando el rato en lugares públicos o hablando por el celular en la calle. Y por la noche nunca vuelven a casa a pie. La mayoría tampoco camina por la calle de día. Si salen a cenar, siempre que pueden regresan juntos en carro formando una caravana. Todos conocen a alguna víctima de la violencia, y a muchos los despiertan las pesadillas, reseñó el diario El País.

Uno de los temas de conversación más frecuentes entre los jóvenes son los planes para marcharse del país. En 2017, según datos de ACNUR (el organismo de Naciones Unidas para los refugiados), el número de venezolanos solicitantes de asilo en el mundo se ha duplicado. Los ricos se marchan en avión; los pobres cogen un autobús o se embarcan en pequeñas motoras en dirección a islas del Caribe como Aruba o Curaçao.

La empresa de sondeo de opinión Consultores 21 encontró también que el 40% de la población venezolana manifiesta deseos de emigrar y que el mayor porcentaje (51%) se da entre jóvenes entre 18 y 24 años. En total, esta empresa calcula en cuatro millones la diáspora venezolana.

Ser joven en Venezuela es, al mismo tiempo, más primitivo y más moderno y cosmopolita que nunca. Esta generación tiene amigos en todo el planeta, pero les es difícil visitar a una tía que viva en el otro extremo del país porque los autobuses y los vuelos nacionales se cancelan o hay que hacer horas de cola para conseguir un pasaje, asegura el medio español.

“Jamás ha habido menos sexo espontáneo, o menos citas románticas, que ahora”, reflexionó Samuel Suárez, un alegre universitario caraqueño de 23 años. Si vives en casa de tus padres, llevar a una pareja nunca ha sido fácil. La mayoría de progenitores son bastante conservadores y católicos. Pero con la crisis se ha vuelto aún más difícil. Más jóvenes viven con sus padres hasta más tarde, y menos se pueden permitir una noche romántica en un hotel. Un estudio universitario mostró el año pasado que cinco de cada 10 jóvenes entre 25 y 29 años reportan vivir “en su casa” sin haberse independizado.

Además, también es complicado conseguir preservativos y anticonceptivos de emergencia, y no digamos ya criar un hijo en un país en el que hasta los pañales escasean.

“Hemos perdido la inocencia y la despreocupación”, escribía Johanna Villasmil, de 21 años, en un artículo en 2015. “Amo a Venezuela con todo mi corazón, pero la verdad es que habría deseado crecer en un lugar totalmente distinto. Ojalá las personas que tienen el poder de decisión en la nación se diesen cuenta de que nos han arruinado una de las mejores etapas de la vida, y esto es algo que, lamentablemente, no vamos a recuperar”.

En mayo del año pasado, el bloguero de 21 años Deivy Garrido declaraba: “Mientras los jóvenes de otros países hacen colas interminables para comprar el último teléfono móvil de moda, aquí hacemos colas interminables para intentar comprar el último paquete de harina; mientras ellos ven calles limpias o en obras para remodelarlas, nosotros vemos calles sucias, descuidadas o llenas de basura con personas rebuscando a ver qué consiguen”.

“Es triste ver cómo la casa de mi infancia se desmorona”, se lamenta Alejandro Álvarez en la barca de regreso desde Isla Tortuga a Higuerote. Es la primera vez que vuelve a su tierra desde Chile y cuenta que el cambio es drástico. Allí gana un buen sueldo como arquitecto, y cada mes manda algo de dinero. Espera poder volver a vivir en Venezuela algún día, al igual que todos los demás.

Para leer el texto completo pulse aquí.

Comments

Comments are closed.