Pasa en Venezuela

Se fueron a Miami: “En Venezuela vives para comer y ya”

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Empacar lo necesario, dejar atrás propiedades, familias y sueños fue lo que hicieron hace casi dos años Antonella Ríos y José Armas, una pareja de venezolanos que como miles en su país decidieron radicarse en Estados Unidos para huir de “una cruda realidad”, como dicen.

Ambos forman parte de los casi 300.000 venezolanos que han llegado en los últimos años a Estados Unidos, según estadísticas de la Oficina de Censo norteamericano. Como la mayoría, ellos trabajaron de meseros, en labores domésticas y en el servicio de transporte Uber. Sin embargo, encontraron en el comercio de criptomonedas un sustento.

Hasta finales de 2016 vivieron en Valencia, una de las principales ciudades de Venezuela. Allí estudiaban Derecho y su día a día estaba marcado por “la necesidad de acumular la mayor cantidad posible de alimentos en el refrigerador para tener reservas” ante una eventual escasez.

Vives para comer y ya

“Te conviertes en un ganado de engorde. Vives para comer y ya“, relata a dpa la mujer de 30 años, que vivió una cómoda niñez como hija del distribuidor de una de las loterías más importantes del país sudamericano. “El Gobierno le quitó la distribución a mi padre y todo vino a pique”, agrega.

Para Armas, la decisión de salir de Venezuela fue aún más difícil debido a que su hijo de siete años, Santiago, debía permanecer allí junto a su ex pareja. “Venezuela significa nostalgia”, dice conmovido el hombre de 27 años que vendía en Valencia insumos para la construcción.

“Nos iba bien pero las cosas cada día se complicaron más y más. Realmente no hay negocio que perdure en Venezuela con el Gobierno y con la criminalidad que existe“, afirma. “No sabes qué día te roben o te maten”.

Mientras mueve en su mano una pequeña moneda con el símbolo de bitcoin, un medio de pago virtual creado en 2009 que ha tomado fuerza en los últimos meses, Armas asegura que “cualquier lugar es mejor” que su país en este momento. “La única salida para Venezuela es que (el presidente Nicolás) Maduro se vaya”, sostiene.

La entrada al mundo de las criptomonedas para ellos no fue fácil. “La inexperiencia te convierte en un blanco perfecto para las personas que se dedican a estafar”, explica Armas al reconocer que aunque perdió dinero está convencido de que “ese es el futuro del sistema financiero”.

“Yo quiero formar parte de ese futuro y la única manera de hacerlo es comenzando hoy porque más adelante las monedas van a tener un valor que muy pocas personas van a pagar”, insiste al destacar “la eliminación de la burocracia bancaria”.

Me alcanza para cubrir mis gastos”

Los dos pasaron de intentar sobrevivir en Venezuela a producir ganancias de hasta 90 por ciento en un mes en transacciones diarias que pueden demorar entre 15 minutos y dos horas teniendo como única herramienta su móvil y una conexión a Internet.

“Espérame que estoy cerrando una transacción”, dice Ríos luego de recibir en su móvil la notificación de una compra de bitcoins. “Lo que yo hago no genera muchas ganancias pero me alcanza para cubrir mis gastos”, explica la mujer.

En este nuevo mundo virtual se han encontrado con decenas de compatriotas que como ellos llegaron al país norteamericano en busca de una nueva vida. “Ya hay talleres de asesoría para venezolanos en el comercio de criptomonedas”, afirma Ríos.

Sobre el petro, la criptomoneda que lanzó en febrero el Gobierno venezolano con el respaldo de las reservas petroleras para enfrentar las sanciones financieras impuestas por Estados Unidos, la pareja no oculta sus dudas.

“En su locura han dicho que cada petro equivale a un barril de petróleo pero eso es mentira. Eso es simplemente una manera más de evadir las sanciones y de lavar dinero”, asegura Armas.

Ambos tienen un permiso de trabajo derivado de un proceso de asilo político en Estados Unidos, el mismo status que más de 29.000 de sus compatriotas solicitaron en 2017, de acuerdo con cifras oficiales.

Aunque nunca imaginaron vivir de un mercado virtual, están convencidos de que la moneda producida por “blockchains” -complejos procesos de cálculo hechos por computadoras- seguirá siendo su sustento en una realidad que lo único que tiene de cierto es la lejanía con su país.

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