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Lo que queda hoy de ETA: De Juana Chaos, en Venezuela

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Durante medio siglo fue sinónimo de terror en España, pero la ETA que anunciará al parecer su disolución esta semana se encuentra mermada y acorralada. ¿Qué queda hoy del último grupo armado de Europa occidental?

“Lo que le queda a ETA es muy poquito”, sostuvo ya en septiembre de 2015 el entonces ministro del Interior español Jorge Fernández Díaz, tras la detención de la cúpula política del grupo formada por sus dos miembros más buscados, David Pla e Iratxe Sorzabal. “Prácticamente es el acta de defunción de ETA”, sentenció entonces Fernández Díaz.

Fue el golpe policial más duro desde octubre de 2011, cuando una ETA ya de por sí debilitada anunció el cese “definitivo” de la violencia, pero no el único: en los últimos seis años las fuerzas de seguridad de España y Francia detuvieron a más de 160 personas vinculadas al grupo y desmantelaron numerosos escondites con armas.

Huidos en Venezuela

En ese contexto de acorralamiento llegó su desarme hace un año y ahora el anuncio de su disolución prevista para el viernes.

“Durante sus últimos años, ETA ha sido una sigla hueca en franca descomposición”, dijo el fin de semana el ministro del Interior Juan Ignacio Zoido. “Lo que hacen ahora es asumirlo. Pero formalmente estaban derrotados hace tiempo”. Esa percepción explica el moderado interés que la disolución generó en la opinión pública española.

Según los grupos que vienen impulsando el proceso, aún hay unos 50 miembros de ETA y otros 120 huidos. El más relevante es “Josu Ternera”, histórico dirigente del grupo condenado y fugado desde hace 15 años y que podría tener algún papel esta semana, por ejemplo leyendo el comunicado con el anuncio de la disolución.

Otros huyeron a América Latina. En México, por ejemplo, fue detenido el año pasado Ángel María Tellería Uriarte, otro veterano de ETA. En Venezuela se encuentra al parecer, entre otros, Iñaki de Juana Chaos, condenado por 25 asesinatos y en búsqueda y captura.

El descabezamiento del aparato residual de ETA y las sucesivas detenciones implican que el mayor activo humano del grupo se encuentra en las cárceles: los cálculos indican que hay en torno a 300 presos en cárceles de España, Francia y otros países europeos detenidos por su vinculación con ETA.

En las cárceles

El acercamiento de esos presos a cárceles del País Vasco es una de las reivindicaciones cruciales que intenta negociar ETA, aunque el Gobierno español ha negado hasta ahora cualquier paso en ese sentido y evitó ostensiblemente cualquier gesto ante el anuncio de la disolución del grupo armado.

En cuanto a armamento, ETA entregó en abril de 2017 unas 120 armas, tres toneladas de explosivos y gran cantidad de munición, durante un acto en la localidad francesa de Bayona que presentó como su desarme definitivo.

Tanto fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por dpa como el Gobierno español y asociaciones de víctimas ven ese paso como un acto propagandístico, pero se da por hecho que ETA ya no tiene capacidad ni voluntad de operar y, si conserva armas, podrían ser ya obsoletas por el paso del tiempo.

También el capital simbólico de ETA ha venido contrayéndose. Uno de los cambios más trascendentes desde que anunció el fin de la violencia en octubre de 2011 fue que la izquierda secesionista vasca -la llamada “izquierda abertzale”- se distanciara del grupo y llegara a las instituciones de la región del norte de España.

Figuras como Arnaldo Otegi, ex portavoz de la ilegalizada Batasuna (brazo político de ETA) y actual portavoz de la formación “abertzale” Bildu, presionaron a ETA para su desarme y acompañaron el proceso de disolución.

Este último paso podría concretarse finalmente esta semana. Sin recursos humanos ni armamentísticos, acosada por las fuerzas de seguridad y abandonada por sus antiguos aliados, será sobre todo un acto simbólico que cerrará un capítulo oscuro en la historia reciente de España.

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