Pasa en Venezuela

El Humboldt, la joya arquitectónica que busca renacer entre las nubes

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El hotel Humboldt, la joya arquitectónica que se encuentra ubicada en la punta del Ávila a 2.140 metros de altura, se ha convertido en un lugar lleno de polvo, obreros y ciento de cajas del nuevo mobiliario, sin embargo, este año se espera que sea reinaugurado.

De los 62 años que tiene el edificio solo pudo funcionar cuatro como hotel. Con el inicio de la democracia el edificio se dejó al abandono por ser un icono de la dictadura. Las dificultades y los costos que requería mantenerlo y el cierre, primero intermitente, y luego definitivo, del teleférico terminaron de condenar la obra. En el camino vinieron los desmanes de la débil institucionalidad, que nunca propició darle continuidad a las obras. En varias temporadas quedó a cargo del mal gusto de algunas de las primeras damas de la historia democrática del país y de operadores hoteleros privados que no preservaron la obra como un patrimonio, reseñó el diario El País.

Loly Sanabria, la hija del arquitecto Tomás Sanabria, cuenta la historia agridulce del hotel, con todas sus precisiones técnicas de su debacle y de su actual recuperación, que también podría anticiparse incierta.

En los años siguientes a su apertura tanto ella como su padre fueron documentando una contradictoria historia de lujo y abandono. “Mi padre nunca se despegaba de sus edificios”, dice.

Sin embargo, en años de abandono y malos manejos se dañaron varias de los espacios diseñados por Sanabria, por ejemplo, cortaron los tensores de la losa flotante de la estancia íntima, se tabicó el gran salón para crear salones temáticas, se demolieron murales y otros intentando restaurarlos, se techaron las bóvedas, se colocaron tejas de barro para recrear un “rincón criollo” dentro de una edificación moderna, se colocaron paredes que violaban los espacios establecidos. El abandono y la ignorancia desvalijaron el lujoso hotel.

Hace seis años comenzó la restauración impulsada por un Nicolás Maduro que entonces era canciller, ha sido un trabajo casi arqueológico, que ha guiado escrupulosamente Gregory Vertullo, quien fue el último asistente de Sanabria y que sorprendentemente, y como si se tratara de un segundo milagro, ha logrado domesticar los nuevos ánimos y gustos del poder de turno, destaca el medio español.

Esta acción es un ejemplo de restauración en una ciudad que ha sido indiferente a la desaparición y deterioro de su patrimonio arquitectónico. Ahora es nuevamente una isla de profesionalismo y belleza, en medio de la debacle económica y social que vive el país sudamericano.

La intervención logró devolver la edificación a su estado original, cumpliendo con las actualizaciones tecnológicas que requiere un hotel cinco estrellas, cuya estancia podría costar 1.000 dólares la noche y que será usado para alojar a altos mandatarios.

Sanabria, quien se ha dado a la tarea de llevar grupos a recorrer las instalaciones del hotel, comentó que el abandono del lugar se puede deber a lo apartado que ha estado de los ciudadanos.

“Mi interés con estas visitas es que tomemos consciencia de esto es nuestro patrimonio, de crear un grupo de defensores de este espacio que tiene que ser un hotel de lujo, en el que no podrá alojarse todo el mundo, pero que como obra de arquitectura tiene que ser valorado por todos y no puede volver a ser abandonado”, dijo.

En diciembre, Maduro lanzó su aspiración de mandatario: que el Humboldt sea el primer hotel siete estrellas de Venezuela y ha anunciado que este año finalmente estará recuperado.

El tramo del teleférico que llega al lobby del hotel no funciona aún, pero se puede llegar a pie a través de unos metros de bulevar entre la estación previa y el edificio. En abril se han acelerado los trabajos, pues volver a cortar la cinta del Humboldt podría estar en la agenda de la campaña electoral de Maduro que, contra todo, buscará reelegirse el próximo 20 de mayo.

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